En
el séptimo año comenzamos a centrar nuestras miradas en la orilla sur del río
Betweenwoods, allí habíamos localizado una veta importante no solo
de carbón sino también de hierro, aunque en ese momento el que más
necesitábamos era el primero para sustituir a la madera como fuente de calor; además los bosques de esa zona nos
podían proporcionar buena madera y las vegas cercanas al río,
queríamos establecer terrenos de cultivo.
Así
en el verano de ese año, aprovechando el nivel más bajo de las
aguas del Betweenwoods, construimos un puente para pasar fácilmente
al otro lado.
En
ese invierno completamos una de las construcciones de la que nos
sentimos más orgullosos, nuestra primera escuela. No basta con que
nuestros hijos crezcan fuertes y sanos, la educación de un pueblo es
parte de su éxito.
Invierno
del año 8 la orilla sur del río está despejada, nuestra población
se sitúa ya en 35 personas y ¡tenemos una mina de carbón!
Sin embargo aunque de los 25 adultos disponibles para trabajar 5 se ocupan de la mina, no conseguimos que todas las casas estuviesen abastecidas de carbón y la leña para las chimeneas era escasa.
A
finales del verano del año 10 se produjo un hecho lamentable pero
inevitable, nuestro primer fallecimiento. Kerrica, una de nuestros
cazadores había muerto, casi a la edad de 70 años. Descanse en paz.
Desgraciadamente la buena de Kerrica no iba a ser la única ocupante de nuestro cementerio, nuestra situación se había agravado, habíamos crecido muy rápidamente, en el verano del año 10 eramos 40 personas y no teníamos reservas de leña, mientras que las de carbón eran muy escasas, además la comida almacenada eran prácticamente cero.
A principios del invierno del año 11 eramos 33 habitantes. El balance total era de siete personas muertas por hambre, cuatro de ellos eran niños.
En
esta situación no había más remedio que intentar ir hacia
adelante, en primavera del año 11 habíamos terminado un ambicioso
proyecto que abriría New Hillersburg al mundo, el puesto de
comercio. El Betweenwoods es un río navegable mediante pequeñas
gabarras de escaso calado. Los comerciantes se mueven a través de él
para distribuir sus mercancías.
En ese invierno el primer comerciante llegó hasta nosotros. Hubiésemos deseado que nos trajese semillas para poder cultivar, pero las cestas de comida que nos proporcionó nos ayudaron a pasar el invierno. A cambio nosotros le dimos hierbas curativas que teníamos en abundancia, recogidas por nuestros herboristas en lo profundo del bosque, gracias a nuestra buena gestión forestal y ropa confeccionada a partir de piel de ciervo por nuestro sastre. Conseguimos un buen trato, pagándonos especialmente bien por la ropa.








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